martes, 13 de noviembre de 2012

El optimismo


No es que tenga muchos problemas; pero a veces siento que mi vida tiene algunos obstáculos; obstáculos que de alguna manera u otra van desapareciendo. Muchas veces me pregunto si es que desaparecen o simplemente mi optimismo, que a esta altura de mi vida es nada más y nada menos que una mirada distinta del obstáculo; hace que se transformen.

En general miro todo esperando que el futuro me depare resultados favorables; a veces soy el típico boludo optimista; pero la vida generalmente se encarga de avisarme que no estaba tan errado.
A mí el optimismo me ayuda a enfrentar las dificultades con buen ánimo y perseverancia. Hace años mi analista me decía que no podría ser un asesina serial por mi capacidad de digerir el fracaso; y saben qué: empeñarme en descubrir inconvenientes y dificultades me provoca desánimo.

Dicen que en general, parece que las personas más optimistas tienden a tener mejor humor, a ser más perseverantes y existosos e, incluso, a tener mejor estado de salud física. Excepto por el criterio de éxito que se use o de algunos kilos de más; coincido.

Si bien mi optimismo no alcanza para asegurarme ese final feliz, más allá de los dragones, brujas y cualquier otra adversidad y no siempre mi optimismo comienza el cuento con el pie derecho, estoy dispuesto y confiado; más allá, incluso, de lo que finalmente resulte. Es que siempre mi cuerpo, mente y alma van hacia lo que me parece más saludable y placentero. De alguna manera busco armonía, estabilidad, seguridad y bienestar. Entonces, ser optimista, en pocas palabras, es una elección vital. Tal vez sea mucho más que "tener buena onda" o creer que, pese a todo, "está todo bien". Claro que no hay optimismo sin sentido de realidad; pero diciéndolo de una manera positiva: optimismo es compromiso, aceptación y acción. "Para ser capaces de avanzar, tenemos que ser capaces de creer que tenemos por delante todas las posibilidades",  y yo siempre creo en esto.

Por qué cuento esto: bueno porque llevo dos meses durmiendo en un sofá cama acompañando a mi padre en su transitar por una compleja situación; me levanto casi todos los días con dolores en la espalda -supongo que obedecen a un ultra fino colchón de un sofá cama que debe doblarse en tres para poder cerrarse-; y cada mañana debo salir a correr 7 km. para entrenar y así el viaje por la ruta 40 del mes de enero no será un suplicio. Estaba a punto de “explotar” sin saber qué hacer con mi mirada optimista, cuando me desperté y me dije: pero esto es fantástico; la vida no sólo te ofrece la posibilidad de cuidar a tu padre devolviéndole mucho de lo que él hizo ya por vos, sino que además te ofrece la posibilidad de entrenar durmiendo cada día durante tres meses en una suerte de bolsa de dormir con aislante y tener que levantarte cada día para seguir viaje en una suerte de simulador de ruta 40.. la vida a veces es grandiosa!

Un dolor en la espalda causado por un colchón ultra fino me hace preguntar cómo siento, cómo pienso, qué busco.. de seguir haciéndolo a conciencia, es probable que descubra que es posible encontrar nuevas rutas y dar un armonioso y prudente giro de timón; porque el optimismo es socio de la resiliencia (capacidad de revertir hasta las situaciones más traumáticas).


2 comentarios:

Bea dijo...

muy bien, muchacho!! pienso un poco como usted. bueno humor es esencial para se vivir com harmonia. estimo las mejoras a tu padre.

Gerardo Vilches dijo...

gracias Bea!
saludos desde Buenos Aires!!

La única manera de conocer los límites de lo posible en uno es aventurarse un poco más allá de ellos, hacia lo que a veces parece imposible. Actuar sin temores o quedarme paralizado dejando pasar de largo "valiosas" oportunidades. Valoro mis cualidades, mis logros y capacidades, y fomento cualidades positivas. Analizo mis límites, intento superarlos o aceptarlos si no es posible. De esto se tratan mis historias.

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